lunes, 14 de mayo de 2007

Al filo de la locura




Un corazón acongojado
el alma adormecida
los ojos pálidos
.
El recuerdo del último abrazo carcome la consciencia
y derrama la angustia en un río de agua salada
.
Atada a la vana esperanza de retroceder en el tiempo
de volver a los días felices
de sonrisas y besos
.
Encerrada entre las paredes creadas por sus errores
y fortificadas por su orgullo
desea haber nacido diferente
.
Le habla a una mente perdida que no la escucha
sino que vaga por el cosmos buscando respuestas que jamás encontrará
.
Y mientras tanto el cuerpo espera...

domingo, 29 de abril de 2007

Lluvia



La lluvia cae,

moja sus cabellos y empapa sus ropas

Las gotas que resbalan por su piel se llevan con ellas las angustias del día

Renovada, entona una alabanza al cielo que curó sus heridas

y danza loas al suelo quién tragó sus penas


Y vive luego bajo el sol

esperando la próxima lluvia

sábado, 10 de marzo de 2007

Sala de espera














Una hora
Una hora interminable
Y el tiempo parace ir cada vez más lento


Estoy solo
La respiración se hace insufriblemente lenta
el corazón como un bombo retumba en mi pecho

Tum

Tum Tum

Tum


Un libro se asoma por mi mochila
pero es inútil
ya he olvidado cómo leer
lo he olvidado todo
lo único que importa es esperar
lo demás es en vano

Desvío la mirada e inspecciono por ennésima vez la habitación
pero mis ojos siempre vuelven a la puerta frontera inquebrantable
De aquel lado, la acción, la verdad
Aquí, la duda, la incertidumbre, el miedo


Trece minutos y medio y el tiempo no pasa se han detenido las agujas del reloj, y la hora que se fue parece tan lejana

Comienzo a sentir el sudor
una gota baja por mi sien, recorre mi mejilla y muere en la comisura de mis labios
Un instante después estoy empapado
Ya no puedo más


Catorce minutos


Y finalmente la conexión de los mundos
La puerta se abre
- Felicitaciones. es una niña

sábado, 3 de marzo de 2007

Retorno

Luego de una larga ausencia vuelvo....
Este es un texto que llevaba varios años escondido en un cajón.
Parece que no soy la única que vuelve a asomarse al mundo...




Quién eres
angel celestial
que con tus ojos de fuego nos has renovado la esperanza y la libertad

De dónde vienes
doncella de blanco aura
que tienes luz para iluminar la oscuridad

Y por qué te vas
Princesa de la paz
si harías tanto bien en estas tierras invadidas por las tinieblas

Eres acaso el canto de las montañas, el susurro de los árboles,
frágiles sonidos que arrastra el viento, y se pierden en la noche
Eres acaso el sol o la luna,
temeroso uno del silencio, y la otra de la vida
Eres acaso brillante estrella,
que nos regala ilusiones que borra la aurora
O eres la lluvia que cada día se instala en nuestro hogar,
pero que luego se seca

domingo, 28 de enero de 2007

La fortuna según yo

La fortuna es un niño que juega con sus miniaturas de plástico.

Caprichosamente las mueve de aquí hacia allá. A veces se le caen al piso y los levanta enseguida; otras veces quedan allí por un tiempo, hasta que otro caído le recuerda que debe volverlos a parar.

El niño vive entre el desorden de millones de muñecos, millones de vidas. Hay siempre alguno que se pierde entre la multitud, y otros que desaparecen debajo de la cama y allí quedan, en la más profunda miseria, el más profundo olvido.

No todos los muñecos entran en el piso, así que el niño guarda sus favoritos en estantes cada vez más altos. Pero como todo infante tiene etapas, y tal vez quien alguna vez ocupó el estante de más arriba pase de moda, y termine en un cajón, con los que pocas veces ven la luz del sol.

Y como a cualquiera de su esas, los muñecos no le duran para siempre: algunos se van desgastando de a poco, y el niño los conserva hasta que no dan más y luego los tira a la basura; a otros (a veces a propósito, otras sin qurer) les rompe un brazo o una pierna. Aunque incompletos, muchas veces los conserva, pero otras veces no.
Algunas miniaturas vienen defectuosas, y esas son las que duran menos. A otros él mismo los hace defectuosos: les pinta los ojos, les derrite la cara o les muerde las orejas, y así quedan hasta que van a parar al tacho...




Menos mal que yo no creo en la fortuna.